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De comprar software a construir el nuestro: cómo la IA está cambiando el sistema operativo de los negocios

Hubo un periodo en la evolución digital de los negocios en el que acumular software era casi sinónimo de madurez organizacional. La IA está cambiando la economía de construir o comprar, y con ella la relación entre las organizaciones y el software con el que operan.

Alterno Group · · 12 min de lectura

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Hubo un periodo en la evolución digital de los negocios en el que acumular software era casi sinónimo de madurez organizacional. Una empresa necesitaba una plataforma de gestión de proyectos y se suscribía a una. Necesitaba un CRM y añadía otro. La agenda, las tareas internas, las aprobaciones de clientes, los formularios, la automatización de mercadeo, los informes, el almacenamiento de archivos y el servicio al cliente llegaban cada uno con su propio acceso, su propia lógica y su propia factura mensual. Individualmente, casi todas esas decisiones tenían sentido, y es precisamente así como se acumula la complejidad organizacional. Muy pocas empresas construyen a propósito un entorno tecnológico fragmentado; la fragmentación surge poco a poco, una decisión razonable a la vez, hasta que la jornada de un empleado se convierte menos en un flujo de trabajo continuo y más en una negociación entre distintos entornos de software.

Nada de esto significa que la tecnología fuera mala. Las plataformas externas suelen ser excelentes en lo que hacen, y el Software as a Service transformó los negocios precisamente porque permitió a las organizaciones alquilar capacidades sofisticadas por una fracción de lo que antes costaban sistemas a la medida equivalentes. Pero resolver un problema puede crear otro. Una plataforma puede resolver el ochenta por ciento de lo que necesita un negocio mientras los empleados inventan soluciones manuales para el resto. Otra puede resolver el problema exacto cobrando por un plan lleno de funciones que la organización nunca usa. Una tercera se vuelve indispensable simplemente porque años de historia ahora viven dentro de ella. El problema no es que el SaaS sea malo. El problema es que el software se convierte gradualmente en infraestructura institucional, y la infraestructura moldea el comportamiento.

El software empresarial no solo apoya a una organización, le enseña cómo comportarse

Desde una perspectiva sociológica, el software organizacional es menos una colección de herramientas que un sistema de reglas. Un CRM decide qué constituye un prospecto. Una plataforma de gestión de proyectos determina cómo luce un proyecto, una tarea o una fecha límite. Una herramienta de aprobaciones define cómo debe viajar el feedback, un calendario establece cómo el tiempo se vuelve disponible y un portal de clientes decide qué partes de la organización puede ver el cliente. Estas decisiones parecen técnicas, pero distribuyen responsabilidades, determinan quién puede ver y cambiar la información y definen cuándo un trabajo se considera terminado.

Con el tiempo, las organizaciones se adaptan a esos sistemas, y la pregunta cambia silenciosamente de "¿Este software se ajusta a nuestra forma de trabajar?" a "¿Cómo tenemos que trabajar para que el software acepte lo que hacemos?". Las instituciones se vuelven duraderas en parte porque las rutinas se normalizan, y cuando suficientes personas siguen el mismo proceso, este empieza a sentirse inevitable aunque haya nacido como una solución temporal. El software produce el mismo efecto. Un parcho se convierte en flujo de trabajo, una limitación se convierte en política, un campo de una base de datos pasa a formar parte del vocabulario de la empresa y, eventualmente, el conjunto de tecnologías deja de ser algo que la organización escogió para convertirse en parte de lo que la organización es.

La industria hoy llama a este resultado SaaS sprawl, la proliferación descontrolada de aplicaciones. BetterCloud describe una brecha creciente entre lo que las organizaciones pagan y lo que los empleados realmente usan, una brecha formada por muchos costos pequeños repartidos entre departamentos más que por un contrato enorme. El análisis de Spendesk de 2026 sobre 2,500 empresas europeas encontró que el 72% de las organizaciones que compran herramientas de IA pagaba por dos o más productos competidores en la misma categoría, aunque aclara que la duplicación solo es un problema cuando no es intencional y no justifica su costo. Ese matiz coincide con nuestra experiencia. No nos interesa eliminar el software externo simplemente porque podemos construir algo propio, porque reconstruir todas las capacidades externas solo sustituiría una ineficiencia por otra. La pregunta más interesante es si cada problema operacional todavía requiere su propia plataforma externa, y cada vez más la respuesta parece ser que no.

Por qué la decisión de construir o comprar software solía ser fácil

Alterno Agency opera desde 2009, y la tecnología siempre ha sido central en nuestro trabajo, pero nuestra primera responsabilidad siempre ha sido el trabajo que producimos para los clientes. Históricamente, desarrollar software interno exigía un sacrificio organizacional real. Incluso una aplicación a la medida modesta implicaba definir requisitos, diseñar interfaces, construir el frontend y el backend, configurar bases de datos y permisos, probar en distintos dispositivos, documentar el sistema y luego mantenerlo indefinidamente. Cada hora que un desarrollador dedicaba a una herramienta interna de gestión de proyectos era una hora que no dedicaba a un website de un cliente, una plataforma de e-commerce o una experiencia de campaña, así que, aun cuando el valor a largo plazo de un sistema interno era evidente, la asignación de talento a corto plazo era difícil de justificar. Comprar software no era solo más fácil; protegía la capacidad productiva de la organización, y esa es una de las razones principales por las que el SaaS se volvió tan poderoso. La economía favorecía alquilar.

La inteligencia artificial está empezando a cambiar ese cálculo, no por completo, pero lo suficiente para importar. El efecto más visible de la IA generativa en el desarrollo de software es la generación de código, pero desarrollar software nunca ha sido sinónimo de escribir código. La investigación de Microsoft sobre el futuro del trabajo señala que los desarrolladores dedican solo entre el 15% y el 25% de su tiempo a escribir código, mientras el resto se va en entender requisitos, revisar sistemas, depurar, probar, diseñar arquitectura y comunicar decisiones. Lo que nos interesa es qué ocurre cuando la IA reduce la parte mecánica de ese trabajo lo suficiente como para que la atención humana pueda moverse a otro lugar.

La IA cambia la distribución del tiempo, no hay un multiplicador universal
+26%

más tareas completadas con asistencia de IA (4,867 desarrolladores)

Microsoft Research

+21%

productividad de ingeniería en un grupo principal

1Password

−70%

tiempo de desarrollo por pantalla

Simplex

10–15x

capacidad de resolución de defectos en flujos específicos

Cisco

Estudios distintos que miden trabajos diferentes; los resultados no son directamente comparables. Fuentes: Microsoft Research, 1Password, Simplex, Cisco.

Dentro de Alterno, ese cambio ya es visible. En ciertas tareas de desarrollo bien definidas, nuestro equipo de diseño y desarrollo a veces puede avanzar entre cinco y diez veces más rápido que con los flujos tradicionales. Es una observación interna, no una promesa de que todo proyecto será diez veces más rápido, porque la arquitectura sigue requiriendo criterio, la experiencia de usuario sigue requiriendo entender a las personas, la seguridad sigue requiriendo escrutinio y las integraciones siguen fallando de formas impredecibles. La evidencia externa sugiere que nuestra experiencia no es aislada. Un estudio aleatorizado con 4,867 desarrolladores de Microsoft, Accenture y otra empresa Fortune 100 encontró que quienes usaban asistencia de IA completaron cerca de un 26% más de tareas; Simplex reportó una reducción de 70% en el tiempo de desarrollo por pantalla; 1Password reporta cerca de un 21% más de productividad de ingeniería en un grupo principal; y Cisco reportó un aumento de entre 10 y 15 veces en la capacidad de resolución de defectos en flujos específicos. Las cifras varían porque el trabajo varía, y esa quizás sea la lección más importante: la IA no crea un multiplicador universal de productividad, cambia la distribución del tiempo.

El problema no es que el SaaS sea malo. El problema es que el software se convierte gradualmente en infraestructura institucional, y la infraestructura moldea el comportamiento.

El desarrollo de software con IA libera tiempo para todo lo que rodea al código

Esto ha cambiado la manera en que pensamos sobre nuestro propio equipo de desarrollo. El objetivo no es exigir cinco o diez veces más software, porque eso solo convertiría la eficiencia en otra cuota. La oportunidad más valiosa es redirigir el tiempo recuperado hacia las partes del desarrollo donde el criterio humano importa más. Cuando la primera versión de una funcionalidad toma mucho menos tiempo, los desarrolladores pueden dedicar más tiempo a preguntarse si el código está limpio y es comprensible para la próxima persona, si la arquitectura seguirá siendo mantenible, si los permisos están bien diseñados, si un API expone más de lo debido, si una interfaz tiene sentido para alguien que nunca la vio diseñarse, si personas con otros dispositivos o necesidades de accesibilidad pueden completar el mismo proceso y si la funcionalidad debería existir en primer lugar.

Microsoft Research encontró que los desarrolladores que usaban IA generativa se volvieron más positivos sobre su utilidad, mientras que su confianza en el código generado por IA no aumentó al mismo ritmo, lo que implica que la IA acelera la producción al mismo tiempo que hace más importante la verificación. El informe de DORA de 2025 llega a una conclusión similar a nivel organizacional y describe la IA como un amplificador: las organizaciones con buenas prácticas de ingeniería la usan para aumentar su capacidad, mientras que los sistemas disfuncionales simplemente generan disfunción más rápido. No queremos que nuestros desarrolladores piensen menos. Queremos que pasen menos tiempo en trabajo que las máquinas pueden acelerar, para que puedan pasar más tiempo pensando.

Un sistema operativo empresarial construido alrededor de cómo trabaja Alterno

Cuando ese cambio se hizo visible, una idea que antes habría sido secundaria se volvió práctica. ¿Y si reconstruíamos gradualmente parte de la capa de software interno de Alterno Agency alrededor de la manera en que Alterno realmente opera, un problema operacional a la vez y sin abandonar todas las plataformas externas? Comenzamos con la gestión de proyectos, el CRM, los embudos de prospectos, las tareas personales, los calendarios, las citas, el acceso de clientes, las aprobaciones de contenido y las auditorías digitales. Ninguna de esas categorías es nueva. Lo que cambia es lo que ocurre cuando dejan de estar aisladas.

Las herramientas tradicionales de gestión de proyectos son genéricas a propósito, porque deben servir igual a constructoras, equipos de software, organizaciones sin fines de lucro y agencias. Alterno no necesita una plataforma que sirva a todas las empresas posibles; necesita una que entienda a Alterno. En nuestro entorno el cliente se convierte en la unidad principal, y dentro de cada cliente viven proyectos, listas de tareas, tareas, comentarios, notas, calendarios y archivos. La jerarquía en sí es común, pero su valor viene de lo que se conecta a ella: el cliente ya existe en el CRM, los archivos ya viven en el espacio de documentos del cliente, el calendario ya conoce a las personas involucradas, el portal muestra a los clientes exactamente lo que están autorizados a ver y las aprobaciones de contenido pasan a formar parte de la historia del proyecto en lugar de ser otra herramienta desconectada. El sistema empieza a reflejar relaciones en vez de guardar registros aislados, y ahí es donde la integración se vuelve más valiosa que la cantidad de funciones.

El CRM cambia de manera similar y se vuelve menos una herramienta para manejar contactos y más una forma de preservar la continuidad. Un prospecto puede comenzar como un formulario, un email o una solicitud de auditoría después de encontrarnos en un buscador o en una plataforma de IA. En un entorno fragmentado, esa interacción se convierte en un formulario, luego en un email, luego en un registro de CRM, luego en una propuesta, luego en un cliente y finalmente en un proyecto, y cada transición arriesga perder contexto. En un sistema unificado el prospecto entra una sola vez y el registro evoluciona por el embudo, las automatizaciones crean seguimientos, el contacto pasa a formar parte de una organización, la organización se convierte en cliente y el cliente genera proyectos, todo sin romper la historia. La IA se vuelve mucho más útil aquí porque un agente ya no necesita que le expliquen desde cero quién es el cliente, qué proyecto importa o qué pasó la semana pasada; la infraestructura ya lo sabe.

Incluso las tareas personales y las reuniones se benefician. Los proyectos formales recogen solo una parte de lo que las personas necesitan recordar, y cuando suficientes empleados manejan compromisos personales desconectados, un asunto de productividad personal se convierte en un problema de coordinación organizacional. Una reunión en un calendario convencional es solo un evento con una hora, pero en un sistema integrado puede pertenecer a un prospecto, a un cliente o a un proyecto, tener notas, generar tareas y seguir conectada después. El problema que enfrentan la mayoría de los negocios no es la falta de datos; es la pérdida constante de contexto entre sistemas. Los portales de clientes llevan esa misma lógica hacia afuera y establecen una frontera controlada donde el feedback gana estructura, las aprobaciones quedan registradas y los archivos permanecen unidos al trabajo correcto. El contenido que antes pasaba por emails, hojas de cálculo, carpetas compartidas y aplicaciones de mensajería desde el borrador hasta la revisión, la aprobación y la publicación puede convertirse en un solo flujo. La diferencia tecnológica es modesta, pero la diferencia organizacional es sustancial.

Nuestra Auditoría de Mercadeo Digital mostró otra posibilidad: el conocimiento institucional puede convertirse en software. Años de experiencia le enseñan a un consultor qué preguntas hacer, qué señales de alerta importan y qué problemas aparentes son en realidad síntomas de otra cosa. En lugar de entregar a todas las empresas la misma lista de cotejo, la auditoría recoge información, aplica lógica condicional, evalúa varias dimensiones de madurez digital y devuelve recomendaciones basadas en lo que cada negocio realmente envió. La experiencia sigue naciendo de las personas, pero el sistema la hace reutilizable, y la misma oportunidad existe en consultoras, bufetes de abogados, firmas de contabilidad, firmas de ingeniería, organizaciones de salud y grandes empresas llenas de procesos que dependen de excepciones que solo entienden los empleados con experiencia.

La IA y el software a la medida son una transformación sociotécnica

Los negocios suelen hablar de la tecnología como si estuviera separada de la organización, pero la tecnología cambia la comunicación, la comunicación cambia el poder y la responsabilidad, y la responsabilidad cambia el comportamiento y la cultura. Por eso una implementación exitosa de IA no puede comenzar y terminar con la selección de un modelo. La investigación de McKinsey de 2025 encontró que las organizaciones que obtienen más valor de la IA eran más propensas a rediseñar sus flujos de trabajo en lugar de simplemente insertar IA en los existentes, y casi dos tercios de las encuestadas aún no habían comenzado a escalar la IA en toda la empresa. Una organización puede suscribirse a la IA sin volverse realmente distinta. La transformación ocurre cuando reconsidera cómo se mueve la información, cómo se toman las decisiones, cómo se asigna el trabajo y cómo se conectan los sistemas, y precisamente por eso la conversación sobre construir o comprar se ha vuelto tan interesante. La IA no solo está produciendo software más barato; está haciendo económicamente imaginables ciertas formas de rediseño organizacional.

Nada de esto predice el fin del SaaS. El software externo seguirá siendo enormemente importante, nosotros mismos lo seguimos usando y, en muchos casos, seguirá siendo más rápido, más seguro, más barato y más sofisticado que cualquier cosa que una empresa debería intentar reproducir. Lo que está cambiando es la frontera. Para muchos negocios pequeños y medianos, la regla solía ser sencilla: si se necesitaba software, se compraba, y el desarrollo a la medida quedaba reservado para las empresas más grandes. El desarrollo asistido por IA amplía enormemente el terreno intermedio. Una empresa puede mantener Google Workspace mientras construye su propio portal operacional, usar Stripe para los pagos mientras diseña el flujo alrededor de ellos o mantener plataformas publicitarias especializadas mientras construye la capa que conecta informes, clientes, campañas y aprobaciones mediante APIs e integraciones. El futuro podría ser, cada vez más, comprar lo que debe estandarizarse, construir lo que debe ser específico y conectar todo lo que crea contexto estratégico. Gartner estima que la IA agéntica podría exponer hasta $234 mil millones del gasto en SaaS de aplicaciones empresariales para 2030, a medida que los agentes de IA trabajan a través de los sistemas, y sea o no exacta esa cifra, el argumento estructural se sostiene: la economía del software está cambiando.

Ser dueño de una mayor parte de la capa operativa también cambia lo que un negocio puede optimizar. Cuando el software pertenece a un proveedor, una solicitud de funcionalidad compite con miles de otros clientes y un plan de precios puede obligar a una empresa a pagar por veinte capacidades para llegar a las dos que necesita. Los sistemas a la medida invierten esa relación y convierten las prioridades de la organización en la hoja de ruta, pero también crean responsabilidad, porque alguien tiene que mantener el sistema, vigilar la seguridad, probar los cambios y evitar que se convierta en otra forma de deuda organizacional. Por eso el desarrollo asistido por IA nunca debe confundirse con generar código a la ligera. El estudio de Microsoft Research sobre la programación conversacional, el llamado "vibe coding", encontró que la experiencia no desaparece cuando la IA escribe más código; se desplaza hacia el manejo del contexto, la evaluación rápida, la depuración y la decisión de cuándo no confiar en la IA. La IA puede escribir, pero el equipo todavía tiene que saber qué merece ser escrito.

La IA puede escribir, pero el equipo todavía tiene que saber qué merece ser escrito.

Reasignar la atención humana es la verdadera oportunidad de productividad

Esto podría terminar importando más que el costo del software. Durante años, uno de los gastos ocultos de las organizaciones digitales ha sido la atención especializada que consume la coordinación: personas buscando, copiando, conciliando sistemas, cambiando de interfaz, preguntando si algo se aprobó, persiguiendo la versión más reciente y creando el mismo cliente en varias aplicaciones. Una encuesta de Harvard Business Review Analytic Services encontró que el 48% de los ejecutivos creía que la explosión de herramientas digitales en el trabajo estaba obstaculizando la productividad en lugar de mejorarla. Ahorrar una suscripción mensual es útil, pero eliminar cientos de pequeñas transiciones mentales en toda una organización puede valer mucho más, porque el objetivo no es solo consolidar software, sino lograr coherencia organizacional.

A medida que el desarrollo repetitivo se acelera, el rol de nuestro equipo técnico se vuelve más amplio, no más pequeño. Se dedica menos tiempo a producir manualmente código obvio y más a la arquitectura, la integridad del código, la seguridad, el UX y el UI, la accesibilidad, las pruebas, el rendimiento, la estructura de datos, la lógica de automatización y el pensamiento de producto, junto con un entendimiento más profundo de lo que el negocio debería construir después. Hasta ahora, nuestra experiencia se parece más a la ampliación de capacidades que al reemplazo: la capa mecánica se vuelve más rápida mientras el criterio humano sube de nivel, y el desarrollador más valioso es cada vez menos el que escribe más rápido y más el que entiende sistemas.

Software a la medida y agentes de IA para organizaciones de todo tamaño

Lo que construimos dentro de Alterno Agency comenzó como una forma de resolver nuestros propios problemas operacionales, pero la lógica va mucho más allá de las agencias. Un comercio puede tener desconectados el inventario, el servicio al cliente y el mercadeo; una firma de servicios profesionales puede necesitar un portal de clientes y un sistema de flujo de trabajo interno; una organización de salud puede tener su administración repartida entre hojas de cálculo; una universidad puede necesitar un flujo de matrícula especializado; una asociación puede necesitar que la membresía, los eventos, la educación y los directorios funcionen como un solo sistema; y una gran empresa puede tener cientos de plataformas y aun así carecer de una capa coherente que conecte los procesos que más importan. La escala cambia, pero el principio no. El software debe apoyar la manera en que una organización crea valor, y la organización no debe existir solo para alimentar su software.

Por eso ya no nos acercamos a los negocios con la pregunta estrecha de dónde añadir IA. La conversación más útil comienza con cómo funciona realmente la organización: dónde nace la información y dónde se duplica, qué sistemas resuelven solo parte de un problema, qué suscripciones casi no se usan, dónde un proceso depende de la memoria de una sola persona, dónde los clientes sienten fricción innecesaria y dónde un agente de IA podría ayudar porque la información de base ya está conectada. A veces la respuesta es automatización, a veces integración, a veces una aplicación a la medida o un agente, a veces aprovechar mejor el software que la organización ya tiene y, a veces, la recomendación correcta es no construir nada. La estrategia tecnológica debe comenzar con el problema, no con el deseo de vender tecnología.

A través de Alterno Group y de las capacidades desarrolladas en Alterno Agency y nuestros negocios de software, podemos ayudar a las organizaciones a evaluar esta oportunidad de forma sistemática, desde un solo flujo de trabajo interno, portal de clientes, capa de CRM, entorno de aprobación de contenido, panel de control o auditoría asistida por IA, hasta plataformas para varios departamentos con roles definidos, entornos de datos seguros, agentes de IA a la medida e integraciones empresariales. La meta nunca es recrear todo lo que una empresa ya tiene, sino identificar dónde una mayor propiedad del entorno operativo crearía valor estratégico real, ya sea con menos costos recurrentes, menos herramientas duplicadas, más rapidez y control, mayor seguridad, datos más limpios o simplemente menos fricción en la forma en que las personas trabajan cada día. Si tu organización maneja una colección creciente de plataformas, flujos manuales y procesos que todavía dependen del email, las hojas de cálculo y el seguimiento humano, comienza una conversación con Alterno Group.

La próxima fase de la IA será organizacional

La primera fase de la IA generativa se trató de resultados: escribir, resumir, generar imágenes y producir código. La próxima fase es estructural: conectar sistemas, entender el contexto, observar procesos, preparar decisiones, pedir aprobaciones, activar el siguiente paso y preservar lo aprendido. Ese cambio lleva la IA desde el borde de la organización hacia su núcleo operativo, y obligará a los negocios a decidir no solo qué modelo prefieren, sino qué tipo de organización quieren que su tecnología produzca. En Alterno comenzamos usando la IA, luego empezamos a construir con ella y ahora estamos rediseñando partes de nuestra propia organización alrededor de lo que se vuelve posible cuando el software, los datos, las personas y los sistemas inteligentes funcionan como un solo entorno conectado. El resultado no es la eliminación de la tecnología externa, sino una mayor intencionalidad sobre ella.

¿Qué debemos alquilar, integrar, automatizar y poseer?

¿Y en qué deberían invertir las personas talentosas el tiempo que la tecnología les está devolviendo?

Referencias y fuentes

Microsoft Research, The Effects of Generative AI on High-Skilled Work: Evidence from Three Field Experiments with Software Developers; Dear Diary: A Randomized Controlled Trial of Generative AI Coding Tools in the Workplace; New Future of Work Report 2025; e investigación sobre la experiencia en la programación conversacional. DORA, 2025 State of AI-Assisted Software Development. McKinsey, The State of AI 2025. Gartner, análisis sobre la IA agéntica y el gasto en software de aplicaciones empresariales. Casos de Cisco, Simplex y 1Password sobre ingeniería asistida por IA. Spendesk, análisis de 2026 sobre el gasto en software y herramientas de IA en 2,500 empresas europeas. BetterCloud, investigación sobre el gasto en licencias SaaS. Harvard Business Review Analytic Services, encuesta sobre herramientas digitales y productividad en el trabajo.

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